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Vidas robadas

Mariela Pérez Valenzuela

En una mañana de intercambio de experiencias, dolorosas narraciones, y el conocimiento de nuevas realidades, madres y otros familiares de víctimas de la brutalidad policial en Estados Unidos, de visita en La Habana, se reunieron con funcionarias de la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas  (FMC), entre ellas su secretaria general, Teresa Amarelle Boué

En un diálogo en el que primó la solidaridad con las mujeres llegadas de distintos Estados norteamericanos, también recibieron una explicación por parte de Boué sobre los presupuestos sociales y políticos que animan la labor de las cuatro millones de afiliadas a la FMC, donde se alistan a partir de los 14 años de edad de manera voluntaria.

Durante unas dos horas, la delegación de Estados Unidos habló de los atropellos sufridos por sus hijos y hermanos, quienes han sido asesinados a mansalva por las fuerzas públicas y solo en contados casos se ha hecho justicia.

Dinero por olvido

Juanita Young, una de las visitantes, narró como en marzo del año 2000 su hijo Malcolm Ferguson fue asesinado por Louis Rivera, un policía de Nueva York.  Malcolm, un joven negro de 23 años, recibió disparos a quemarropa en la cabeza una semana después de su participación en una protesta contra la absolución de cuatro policías que mataron a un inmigrante de Guinea.

“La policía me dijo que Malcolm peleó con el uniformado, pero él no era una persona agresiva. Inventaron que había tratado quitarle el arma al guardia y cuando pedí que me enseñaran las huellas no lo hicieron”, refirió Young, quien es fundadora de El grito de madres por justicia.

Con suma tristeza y repudio contó cómo las autoridades le brindaron dinero para que olvidara lo ocurrido con su hijo, oferta que, dijo, de inmediato rechazó.

Oriunda de Nueva York, madre soltera y débil visual, denunció que aun cuando en 2007 un jurado ratificó la demanda iniciada por ella contra la alcaldía por muerte injusta y declaró a Rivera responsable del asesinato de su muchacho, ese policía que admitió su culpa aún no ha cumplido condena.

Explicó que el estadounidense es un sistema en el que fiscales y jueces protegen a los policías responsabilizados por las muertes de negros e inmigrantes y que las víctimas devienen criminales, en razón de campañas mediáticas y el negativo papel de los Magistrados.

Una vida perdida por una pelota

Han transcurrido 22 años desde que un policía de Nueva York mató a Anthony Báez en el barrio de Bronx, donde vivía, mientras jugaba futbol en la calle con tres de sus hermanos y varios amigos.

Su madre, Iris Báez, contó en el intercambio en la FMC que la pelota con que practicaban golpeó  un coche de la policía y cuando el oficial arrestó a uno de sus hermanos, Anthony protestó, y lo asesinaron con varios tiros. “Tras lo ocurrido  la prensa publicó que mi muchacho murió por asma, por sobrepeso, pero todo era mentira”.

Esa mujer,  madre de 12 hijos (seis de ellos adoptados), a quienes ha criado en su hogar en el barrio neoyorkino recordó los días de protesta pública  acontecidas cuando el oficial Francis Livoti –del que se supo era cinturón negro de karate- fue absuelto de los cargos de homicidio criminal negligente por el estado de Nueva York en 1996.

Con el rostro que denota las cicatrices de la tristeza por la pérdida, expresó que dos años después Livoti fue condenado por cargos federales por violar los derechos civiles de Báez, no por su homicidio, y estuvo preso seis años y medio.

En 1998 Báez creó la Fundación Comunitaria y de Padres contra la brutalidad Policial Anthony Báez, la cual ayuda y se solidariza con familias afectadas por la violencia de la policía en Estados Unidos.

Le dispararon ocho veces

Arnetta Grable y su hijo Aaron Grable  viajaron juntos a Cuba. Aaron es hermano de Lamar Wayne Grable, ultimado por el policía Eugene Brown en 1996, cuando regresaba a su casa de una fiesta en Detroit. Tras el aciago acontecimiento, el homicida dijo que pensó que Lamar era un sospechoso fugado.

A esta mujer también la alcaldía de Detroit trató inútilmente de sobornarla para impedir que el asesinato de su hijo llegara a los tribunales. “Me llevó once años demostrar la culpabilidad del policía”.

Para tratar de subestimar el caso, y como parte de los arreglos entre los cuerpos policiales y la justicia, un magistrado incluso insistió en que ella tenía problemas mentales y no estaba apta para cuidar de sus propios hijos, lo cual, expresó, era totalmente falso.

Esta mujer, quien junto a su familia ha sido víctima de acoso por el  departamento de policía de Detroit – hasta en una ocasión le cortaron los frenos de su automóvil para matarla-  narró que Eugene Brown está libre, aunque en 2003 otro juez lo declaró culpable en una demanda por muerte injusta que ella presentó. 

Ese individuo fue finalmente despedido del cuerpo policial debido a la presión popular, al conocerse que había asesinado a otras nueve personas.

Cinco policías lo mataron a golpes

A Justin H. Smith lo asesinaron en 1998 poco después de que no detuviera su auto cuando la policía de Tulsa, en Oklahoma, se lo ordenó al tener averiadas las luces, según alegaron los victimarios. Tras ser perseguido, el joven aparcó su vehículo cuando se encontró en un lugar con testigos.

Su madre J. Andree Penix Smith contó que Justin fue esposado y cinco policías lo mataron a golpes, sin que ninguno fuera arrestado o acusado de cargos.

Ante las dirigentes de la FMC, trece años después, Andree, quien es vicepresidenta de El grito de madres por justicia, revivió los días amargos que siguieron a la pérdida de su hijo.

Su nieto Jordan Smith, con sólo 17 años de edad, aunque se declaró inocente, fue condenado de dos cargos de robo con arma, ataque con arma peligrosa y allanamientos. Al menor le ofrecieron una sentencia negociada de 15 años si se declaraba culpable, pero jamás aceptó la propuesta, lo que conllevó a que lo sentenciaran a 90 años de cárcel.

Smith trabajó como subdirectora de periódicos afroamericanos y fue conductora del primer programa matutino radial afroamericano de Tulsa. Después de jubilarse sirvió en las juntas directivas de Unidad Africana de Harlem y del Comité para honrar a los héroes negros.


Delegación norteña conoce sobre logros de las cubanas

En otro momento del fraternal intercambio, Amarelle Boué, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba,  explicó  al grupo de estadounidenses que la defensa de la Revolución cubana y la labor dirigida a alcanzar la plena igualdad de género constituyen objetivos priorizados de esa organización.

Por eso, dijo, para cubanas y cubanos fue difícil escuchar con respeto que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, llamara al pueblo de la Isla a olvidar la historia, durante su visita oficial a La Habana.

Amarelle Boué sostuvo que el programa de la Revolución por la igualdad constituye una de las razones por las que es imposible dejar de lado la historia, ya que antes del triunfo de la Revolución el primero de enero de 1959 las mujeres eran las más pobres y  las más discriminadas.

Para la delegación norteña fue una jornada de revelaciones. Con evidentes señales de asombro escuchó a la dirigente de la Federación cuando explicó que esa situación cambió de forma paulatina y hoy las cubanas representan el 66,6% de la fuerza técnica y profesional del país, el 60,2% de los médicos y más del 80% de las enfermeras,  además de otras conquistas alcanzadas por la población femenina en la Isla.

Sin duda, el encuentro resultó un positivo acercamiento en las historias de vida de mujeres que se desarrollan en distintos sistemas políticos, pero unidas por la convicción de la defensa de sus hijos, desde distintas miradas.

Nota:La delegación de Estados Unidos visitó Cuba en el 2016, pero por el impacto y vigencia de sus historias reproducimos Vidas robadas en el blog del Capítulo Cubano de la MMM


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